“La tranquilidad recetada”

 

Asturias registra una de las tasas más altas de consumo de tranquilizantes de todo el país, según se desprende de un estudio elaborado por la Consejería de Sanidad del Principado en el que se pone de manifiesto, entre otros aspectos, que más de la mitad de las mujeres asturianas mayores de 50 años consumen fármacos tranquilizantes y que hay más del 10% de niños a los que se les recetan.

¿Por qué se recetan y se consumen psicofármacos de esta forma tan abusiva?:

¿Por la creciente tendencia a la medicalización de los problemas cotidianos?

Una de las raíces de este problema quizá tenga que ver con nuestra baja tolerancia a la frustración, que nos lleva a querer vías fáciles y rápidas para nuestros problemas y malestares, utilizando fármacos en vez de intentar afrontar y resolver lo que de verdad nos ocurre.

Cada vez es más evidente que vivimos en una sociedad que comercializa la infelicidad al negar las emociones como algo consustancial a nuestra naturaleza humana. La invención de trastornos basados en emociones humanas tan normales (y casi nunca patológicas) como la tristeza, el miedo, la ansiedad, el desasosiego, la timidez, el estrés, etc., acaba con más de la mitad de la población medicada por supuestos trastornos mentales, que no son más que problemas de la vida.

¿Por las presiones de la industria farmaceútica?

Comenta Marcia Angell, médica de la Universidad de Harvard, que fue editora en jefe del New England Journal of Medicine, en su artículo “The Illusions of Psychiatry” (Los engaños de la psiquiatría), que si los psicofármacos fueran realmente eficaces disminuiría la prevalencia de las enfermedades mentales en vez de incrementarse como está ocurriendo y que las compañías que los venden han terminado condicionando los criterios de clasificación de las enfermedades mentales y cómo deben ser diagnosticadas y tratadas.

En el caso de las mujeres ¿Por el rol que desempeñan?

Está demostrado que las condiciones sociales y de vida de muchas mujeres guardan una relación causal directa con situaciones de estrés crónico y con alteraciones importantes del estado de ánimo.

Tanto si desempeñan el llamado rol tradicional (en el que las mujeres condicionan su felicidad a la de los demás y se olvidan de sí mismas embarcándose en proyectos que no les pertenecen), como si llevan a cabo el rol de trabajadoras remuneradas (sin que suponga un alivio en las tareas domésticas y de cuidado de personas dependientes, enfrentándose entonces a una doble o triple jornada), terminan sufriendo efectos muy perjudiciales en su bienestar físico y psicológico.

Si a ésto le sumamos la mayor ocurrencia de manifestaciones emocionales intensas ante los profesionales sanitarios, da como resultado una mayor proporción de recetas de psicofármacos, al enmarcar el malestar de las mujeres como alteración mental en vez de tomar conciencia del hecho de que quizá estén somatizando en sus cuerpos las desigualdades genéricas de sus condiciones de vida.

En el caso de los niños ¿Por nuestra propia comodidad?

Cada vez hay más voces críticas con la sobregeneralización de trastornos psicológicos en la infancia, especialmente a niños y especialmente en el tema de la hiperactividad.

Hay niños que presentan dificultades en la escuela o en el ámbito familiar, niños inquietos, soñadores, desatentos…, que son inmediatamente etiquetados y medicados sin que se lleve a cabo un esfuerzo por indagar en su historia y en su situación personal para comprender y resolver lo que les esté ocurriendo y sin medir las consecuencias que las medicaciones pueden tener a corto y a largo plazo para ellos.

¿No tendríamos entonces que cuestionarnos si nuestro estilo de vida en el que tenemos menos tiempo para todo y en el que toleramos peor lo que nos incomoda, estará generando una serie de trastornos que no lo son?

 

Foto de Marisol Delgado ArtimeEn resumidas cuentas, no es fácil abordar las soluciones para un tema tan complejo, pero es prioritario reflexionar sobre lo que está sucediendo para poder cambiar en lo posible esta sociedad, para que propicie modos de vivir más sanos y orientados hacia un mejor entendimiento y manejo de nosotros/as mismos/as y de nuestras circunstancias vitales.

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