Pido la palabra, yo también tengo algo que decir

¿En cuántas ocasiones hemos tenido ganas de comentar algo ante un grupo de personas y no nos hemos atrevido?

¿Cuántas veces hemos quedado con la sensación de que quizá nuestra opinión, nuestro criterio no interesan o pueden resultar ridículos?

¿Cómo nos hemos sentido cuando, en una reunión, otra persona plantea justo la misma cuestión a la que llevábamos dándole vueltas un buen rato en la cabeza y no éramos capaces de realizar en voz alta por miedo y vergüenza?

La expresión oral es una destreza o habilidad de comunicación y supone algo tan intrínseco al ser humano que no podemos imaginarnos sin esta destreza; a tal punto es así, que si no tenemos con quién hablar, hablamos con los animales, con las plantas, con nosotros/as mismos/as y hasta con el televisor.

¿Para qué es necesaria?

  • Para ser nosotras/os mismas/os y defender nuestros derechos
  • Para mejorar nuestra autoestima, para autoafianzarnos
  • Para argumentar, describir, narrar… y contribuir a que la otra persona también lo haga
  • Para aumentar la empatía
  • Para expresar lo que pensamos, sentimos, hacemos…
  • Para nuestro desarrollo personal, social y laboral

Sin embargo, no vivimos precisamente en un país que propicie en la educación reglada la expresión oral como forma habitual y normalizada de trabajo. Y, si a eso le añadimos la aprendida dependencia a la opinión externa que se inculca socialmente con tanta insistencia desde la más tierna infancia, tenemos una situación muy común en muchas personas que tiene que ver con el miedo a hablar en público, con la vergüenza de exponerse, con la preocupación por el juicio de los demás, con una timidez excesiva que coarta y limita las interacciones sociales… En definitiva, tenemos una situación en la que algunas personas dejan de ser ellas mismas, llegando incluso a “tirar la toalla” en sus necesidades, proyectos y objetivos.

No cabe duda que tener miedo es tener una emoción totalmente natural que indica, además, que estamos vivos. El problema aparece cuando ese miedo no obedece a causas reales ante las que tenemos que protegernos, sino a causas que hemos fabricado en nuestra mente como potencialmente peligrosas sin que haya ninguna prueba real de que eso sea así.  Esto es lo que sucede respecto al miedo a hablar delante de otras personas.

Si cuando aparece este miedo (sudor de manos, ahogo, taquicardia, molestias en el estómago…), en vez de afrontar la situación, la evitamos y salimos huyendo, acabaremos generando un nivel creciente de malestar emocional y la percepción, cada vez más intensa, de que no somos capaces, de que no vamos a poder con la situación.

¿Qué podemos hacer?

  • Lo primero es aceptar la emoción y no querer eliminar el miedo
  • Poner en marcha alguna técnica de respiración profunda y/o de relajación para que no aumente la activación nerviosa
  • Hacer ejercicios de exposición en imagen, es decir, imaginarnos hablando delante de otras personas exponiendo aquello que queremos exponer
  • Realizar un trabajo personal que suponga desmontar determinadas creencias irracionales que están detrás de los miedos. Se trataría de aprender a no depender de la opinión de los demás y aumentar nuestro grado de tolerancia al error
  • Generar pensamientos alternativos a los negativos que nos pueden aparecer: “Se van a reír de mí”, “Me muero de vergüenza”, “Se me da fatal”, Si meto la pata será horrible”, “Nunca lo voy a poder hacer”, “Si fuera como …, no tendría problemas”, etc.
  • Comenzar a practicar en grupos pequeños, con gente más conocida, para ir cogiendo seguridad y continuar, después, con grupos más grandes y con personas desconocidas.

Todo esto lo hemos estado trabajando en el curso de la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Avilés, a lo largo de este mes de marzo, con un grupo de mujeres fantásticas que realizaron de forma brillante todos los ejercicios y tareas abordados y que se dieron la oportunidad a sí mismas de comprobar que sí, que claro que PUEDEN.IMG_4434

2 Comments

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  1. Muchas gracias Marisol por este articulo tan util para tantas mujeres ( y hombres también) q tienen en la expresion pública su asignatura pendiente
    Muchas gracias también por las pautaa para lograrla con éxito. Con ganas y un poco de disciplina, poe supuesto q SE PUEDE.

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