Vencer la timidez y ganar en seguridad

Quizá uno de los frenos que más nos condicionan en nuestras relaciones sociales sea la timidez, esa experiencia personal de malestar e inhibición en situaciones interpersonales que, en bastantes ocasiones, interfiere con la consecución de nuestros objetivos afectivos, sociales o laborales.

Todo el mundo la sentimos en ciertas circunstancias, las personas que, en principio, pueden parecer más audaces también.  No existe nadie que no se haya ruborizado en alguna ocasión, que no haya sudado más de la cuenta sin que hiciera calor, o que no le haya temblado la voz por la inquietud y el nerviosismo. Todas y todos hemos escuchado frecuentemente a lo largo de nuestro desarrollo vital frases del tipo: “Dónde vas así… qué van a decir de ti…”. “Pero, ¿Cómo haces eso…? Se van a reír de ti…”, “Ni se te ocurra hacer…, no vayan a pensar que…”, etc., etc., etc.

Lo que sí diferencia a unas personas de otras es el grado en el que se manifiesta, pudiendo ser muy grave, llegando incluso a convertirse en una fobia social, o sólo una pequeña molestia a la que hacemos frente con ánimo y fuerza de voluntad.

Hay mucha gente que confunde timidez con introversión, pero no son lo mismo. Los/as introvertidos/as son personas que suelen preferir actividades en solitario a actividades en compañía, pero que no temen los encuentros sociales, que no temen el rechazo ni el juicio o la crítica de los demás, como ocurre con las personas tímidas.

Causas de que se manifiesten comportamientos tímidos:

  • Adultos que no animan a las niñas y los niños a expresarse, o que, incluso, les desalientan, que no tienen en cuenta que también pueden tener criterio
  • Padres/madres sobreprotectores/as que evitan el adecuado desarrollo de la autoconfianza y de la propia autonomía
  • Malas experiencias interpersonales propias u observadas en otra gente
  • Carencia de habilidades sociales
  • Percepción negativa de uno/a mismo/a

No hay fórmulas mágicas, pero sí algunas cuestiones a tener en cuenta a la hora de vencer la timidez, como, por ejemplo:

  • Estar dispuesto/a a cambiar
  • Asumir que la timidez protege pero encadena
  • Analizar los pensamientos automáticos que están grabados en nuestra mente (“No me atrevo”, “No merece la pena intentarlo”, “Si no sé si lo voy a hacer bien, mejor no hacerlo”…) y generar una nueva forma de afrontamiento: “Todo el mundo se equivoca”, “ No puedo controlar todo lo que los demás pueden pensar de mí”, “Si lo pienso bien, no es para tanto”, “No soy un/a niño/a para depender de la aprobación de todo el mundo”, “Hay que intentarlo, salga como salga”…)
  • Aprender a perder el miedo a los demás siendo conscientes de que, se haga lo que se haga, siempre va  haber alguien a quien no le gustemos o no le gusten nuestras acciones y decisiones.
  • Ganar seguridad en uno/a mismo/a no evitando, sino exponiéndonos a situaciones de forma gradual y reforzándonos positivamente por ello.

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De esto y de más cosas trató el taller de desarrollo personal realizado, un año más, con la AAVV El Hórreo, de El Carbayedo. Como siempre, un numeroso, locuaz y entregado grupo con el que yo también disfruto y aprendo a partes iguales. Mil gracias a todas.

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