No sólo de San Valentín vive el amor

Estos días no paro de ver corazones por todos lados. Corazones grandes, pequeños, de peluche, de papel, de tela, corazones con carita sonriente, con brazos y piernas…, en fin, de mil maneras. Pudiera parecer que va a haber algún congreso de cardiología en nuestra villa, pero no, no van por ahí los tiros. Entramos en febrero y, a la vuelta de la esquina, tenemos al santo más romántico de todos para recordarnos, por si acaso se nos olvida, lo mucho que queremos a nuestra pareja, a la que, por eso, porque la queremos mucho, tenemos que comprarle algo, faltaría más…

¿Y, el resto del año, qué? ¿Ponemos el piloto automático y nos olvidamos de darnos esos otros regalos, quizá menos tangibles, pero sin duda, más valiosos para nuestra convivencia?

Claro que no hay varitas mágicas para que una pareja funcione (entendiendo por funcionar el hecho de que ambos miembros de la pareja estén a gusto con la relación que han construido) pero sí que hay algunas cuestiones que, con frecuencia, ayudan y que nos podemos regalar:

  • En primer lugar, eliminar la creencia irracional de que el amor todo lo puede y que si hay suficiente amor los desacuerdos se resolverán solos. Pues no va a ser así, por supuesto que va a haber desacuerdos y no pasa nada, no es terrible. Es como invertir en bolsa, no se retira el dinero porque en un determinado momento bajen las acciones. Lo que sí es imprescindible, ante cualquier desacuerdo, es abordarlos de forma constructiva, sacando a pasear la capacidad de empatía que todos y todas llevamos dentro y lograr discutir sin gritar, sin faltar al respeto, sin ser hirientes con la otra persona.
  • Tener claro que pretender basar la convivencia en el enamoramiento es un error. El enamoramiento, aunque intenso y “ciego” es sólo el punto de partida. Igual que en el coche no vamos siempre en primera, en el amor también hay que ir evolucionando y consolidando.
  • Mantener una comunicación fluida y honesta, con la libertad suficiente para poder decir o callar, para debatir, para estar y no estar de acuerdo, para disfrutar de la sexualidad, para negociar y resolver problemas…, para encontrar juntos un proyecto de vida que ilusione y fortalezca.
  • Dejar de poner el acento en lo que no nos gusta de nuestra pareja, pues sólo consigue tapar las muchas virtudes que hicieron que nos enamoráramos de esa persona y termina traduciéndose en un cúmulo de reproches, críticas y acusaciones que acaban envenenando la complicidad y el entendimiento. Destacar lo que nos une y reforzar lo que nos gusta. Los refuerzos siempre ponen en marcha una espiral positiva en la que las gratificaciones de uno sirven de estímulo a las gratificaciones del otro.
  • Asumir que amor no es fusión, por mucho que nos vendan esa moto en las películas y en las series de ficción. Frases del estilo: “Lo hacemos todo juntos”, “No nos ocultamos nada”, “Todo lo mío es suyo”, “No necesitamos más que nuestro amor”, etc., no hacen más que alimentar una forma insana de relacionarse en pareja. Dos personas que están juntas no dejan por ello de ser personas. Eso sí, el extremo contrario también es peligroso, si sólo se tiene vida individual va a ser muy complicado pasar tiempo juntos de calidad, al no tener costumbre de ello. Se trata, entonces, de disfrutar de espacios de pareja y, a la vez, tener vida propia.
  • Poner límites, con amabilidad y firmeza, a las intromisiones familiares que, aunque hechas casi siempre desde el cariño, suelen generar controversia, por ejemplo, que los padres tengan copia de las llaves de casa y entren cuando quieran, tener que ir por decreto ley todos los domingos a comer con la familia, etc. Las relaciones con las familias de origen, bien enfocadas, a poder ser desde el inicio mismo de la relación, pueden suponer una fuente de gratificación y no de conflictos.
  • Expresar claramente lo que nos agrada y lo que nos molesta, no esperar que nuestra pareja, por el hecho de amarnos, se convierta, por arte de magia, en adivino/a y dé respuesta exacta a lo que queremos o necesitamos.
  • No acumular problemas sin resolverlos sólo logrará que almacenemos resentimiento y explotemos en el peor momento y de la peor manera posible y, con toda probabilidad, sin solucionar nada.
  • Buscar alguna afición en común. Por muy diferentes que sean los miembros de una pareja, siempre se puede encontrar alguna actividad que sea motivadora y gratificante para ambos. Supondrá un importante estímulo y una forma de tener tiempo de ocio de calidad que alivie los momentos complicados.

 

Y todo ello sin olvidarnos de que estar en pareja no es, ni la principal meta en la vida, ni una muestra de algún tipo de éxito personal o social, es una opción de vida que puede ser tremendamente gratificante pero que necesita del compromiso y la reciprocidad en el día a día y no de lo que compremos el día 14 de febrero, por muchos corazones que quieran invadir y conquistar el mundo.

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