Exceso de gente tóxica

toxico1Parece que está de moda hablar de personas tóxicas. Cada vez aparecen más publicaciones sobre el tema, mostrando, casi siempre, los distintos tipos que puede haber, para ponernos sobre aviso, por si nos encontramos con alguno y no nos damos cuenta. También comentamos más sobre ello, eso sí, casi siempre para referirnos a los demás, puesto que no es habitual que nos autodesignemos de esta manera.

Es curiosa la cantidad de personas que cuentan lo identificadas que se sienten como “supuestas víctimas” de alguien tóxico tras haber leído esas diferentes tipologías publicadas. Me pregunto si no será que, leyéndolo, cualquiera podría sentir como tóxica a mucha de la gente con la que se relaciona, como pasa con la sección del horóscopo en las revistas, que leas el signo que leas, al ser todo tan general y tan ambiguo, terminas encajando en cualquiera.

De todas formas, como no parece haber ninguna estadística que indique que haya aumentado sustancialmente el número de personas totalmente inhumanas, crueles y desalmadas (que alguna hay y éstas sí que son realmente tóxicas), habrá que preguntarse si estaremos utilizando esta calificación con demasiada ligereza (al igual que ocurre con la depresión, convertida en cajón de sastre de innumerables malestares consustanciales a los altibajos de la vida)

Con excesiva frecuencia, mucha gente se lamenta por tener que aguantar a algún familiar que se queja en exceso; o al apreciar como humillante la crítica de ese jefe o esa jefa que les echa la bronca ante los demás, quizás incluso de forma injusta e inmerecida; o por percibir escasa atención y consuelo por parte de esas amistades con cuya ayuda contaban; o por sentir que les manipulan personas allegadas que quieren salirse con la suya…

Decía una gran psicoterapeuta estadounidense, Virginia Satir, que “no debemos permitir que las percepciones limitadas de otra gente nos definan”. Y es que, cuando nos juzgan, nos critican, nos acusan o nos manipulan, en definitiva, cuando nos tratan de manera que percibimos dañina, nunca tenemos que olvidar que estamos ante gente que no camina con nuestros zapatos, que no ha vivido nuestra historia, que no tienen el cuadro completo de nuestra trayectoria vital. En base a eso, sus argumentos serán sólo una mirada externa que no tendría que tener sentido ni validez en nuestra vida ni en nuestro bienestar. De no ser así, podemos acabar destrozándonos de forma pasiva y victimista: “No debería haberme tratado así”, “No es justo que me diga…, “No lo merezco”, “Con lo que yo he hecho…”, etc. Y terminaremos debilitándonos buscando el “por qué” de lo que hacen en vez de fortalecernos explorando la manera más apropiada en la que nos conviene abordarlo y solucionarlo, por ejemplo: disminuyendo el tiempo de exposición a esas personas o reaccionando de forma más habilidosa y asertiva ante ellas.

Pero aún hay otro aspecto más a tener en cuenta: ¿Quién nos dice que nosotros nunca hacemos daño? ¿Cómo sabemos que nuestra forma de funcionar, e incluso de ayudar, no es molesta o inapropiada? ¿Quién nos asegura que igual no somos también personas tóxicas para otra gente?

Es obvio que todos los seres humanos, de vez en cuando, hacemos cosas que no están bien. Queriendo y sin querer, todos y todas en algún momento nos hemos quejado demasiado, o hemos exigido de forma insistente, o hemos respondido de forma impulsiva sin ningún tacto hacia los demás, o nos hemos molestado por ver a otros felices cuando no estábamos en nuestro mejor momento, o hemos manipulado para conseguir lo que tanto anhelábamos…

Así que, salvo algunos casos claros de verdadera maldad, habrá que asumir la máxima wilderiana de que “nadie es perfecto”, que la mayor parte de las personas no somos ni totalmente buenas ni totalmente malas. Dejemos, pues, de juzgar y de poner etiquetas que nos instalan en la ansiedad y en la rabia, que anulan, además, la parte positiva que todo el mundo tiene, y abordemos las conductas concretas que no nos gustan, que nos pueden hacer daño, para poder centrarnos, así, en la tarea de hacerles frente tomando las decisiones que nos resulten más convenientes.

2 Comments

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  1. Es algo en lo que he pensado muchas veces….me he visto reflejada en algunas definiciones de gente tóxica y me he llegado a bloquear al pensar que puedo ser dañina para alguien…. así que te doy las gracias por esta reflexión y por la liberación que eso supone, pues como bien dices, no creo que sea tan mala….ni tan buena… sólo una persona normal.
    Besinos.

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