Emociones tóxicas

lego-884903_640Ir por la calle con permanente gesto de enfado…

Quejarnos por todo, en casa y en el trabajo…

Saltar con irritabilidad y fuerte crispación, a la mínima que algo no nos gusta…

Adoptar el malhumor como estilo de vida…

Criticar cada vez más a quien es diferente, o a quien no actúa como queremos…

Querer linchar a quien creemos que causa daño…

¿Qué nos está pasando?

¿Nos habrá entrado algún virus, como en esas películas en las que todo el mundo se va contagiando de algo raro llegado de otro planeta?

¿Estamos, de verdad, en un mundo tan espantosamente malo?

A nada que nos fijemos nos daremos cuenta de que parece que vivimos en una negatividad y en una ira constantes. Que seguro que hay momentos en los que estarán del todo justificadas, pero no puede ser que cada vez más nos atrapen sentimientos tan tóxicos, tan contaminados.

Quizá estemos muy expuestos a informaciones demasiado negativas. Cada día nos levantamos y nos acostamos con muertes, violaciones, corrupción, desahucios, mentiras dichas con la cara muy dura, injusticias, y mucha indignidad e inmundicia.

O quizá es que el actual estilo de vida lleva aparejado, sin remedio, demasiado estrés, que tanto nos desgasta e irrita.

Igual es porque ese estilo de vida nos conduce, además, a una sociedad cada vez más polarizada e individualista y acabamos desconfiando de todo el mundo, como si fueran peligrosos enemigos.

Además, es bien sabido que la filosofía ultracapitalista que nos imponen promueve un estado de insatisfacción constante, que hace que exijamos más y toleremos menos, sin que ni siquiera nos demos cuenta, para que consumamos de todo y poder acumular, los que la promueven, más dinero contante y sonante.

Ay, a ver si va a ser por el exceso de plásticos, o por los gases del efecto invernadero, o por alguna ciclogénesis explosiva…

A saber… Igual por todo ello…

Y, no, no se trata de pretender vivir en Los Mundos de Yupi, como algún lector sagaz puede pensar, por supuesto que no, no pretendo plantear una bucólica e imaginaria Arcadia, sería una completa falacia.

Se trata de tomar unas mínimas pautas de higiene mental para no acabar cayendo en el error de “…tener la certeza de que la vida existe, porque cuatro sentidos nos lo dicen, pero no poder verla…” Qué visionario el gran escritor José Saramago en su “Ensayo de la ceguera”. Porque, según él “…la ceguera también es esto, vivir en un mundo donde se ha acabado la esperanza”.

Volvamos a crear, pues, esperanza. Esperanza en nuestras pequeñas parcelas de vida. Hay muchas más cosas positivas que negativas, pero hay que pararse a verlas, a percibirlas. Y hay muchas más personas que no hacen daño, sólo que esas no salen en las noticias.

Cuidemos nuestras fuentes de información y tengamos en cuenta el momento que elegimos para ello. Es importante estar bien informados, pero si empezamos la jornada con las noticias puede que nos amarguen el resto del día y si, por el contrario, nos informamos justo antes de acostarnos, nuestro sueño será más bien una pesadilla. Además, no todos los medios son igual de morbosos y alarmistas, elegir bien está, sin duda, en nuestras manos.

Por otro lado, disminuyamos, también, en la medida en que podamos, algunas fuentes de estrés en nuestra vida. Hay situaciones complicadas que no podemos evitar, por supuesto, pero hay otras muchas que nos afectan sólo en la medida en la que les damos cabida en nuestra manera de funcionar, por ejemplo: cuando queremos hacer y abarcarlo todo; cuando no decimos que no, por miedo a la opinión de otros; o cuando no nos dedicamos momentos para lo que nos hace bien y nos mejora.

Y cuando ese estrés provenga de contemplar la realidad negativa de la vida, que la hay, unámonos para reivindicar y promover cambios, eduquemos más en derechos humanos y menos en odio, rencores y linchamientos.

Igualmente, podemos aprender a ser menos rígidos mentalmente y abrir nuestra mente a otras realidades y a otras expectativas. Ayudaría también el procurar no establecer nuestras prioridades en función de los muchos interesados mensajes con los que nos bombardean los medios y la publicidad, pues, en realidad, nos quieren vender falsos artículos de primera necesidad.

Estaría bien, en definitiva, plantarnos y no dejarnos contaminar. No añadir a los naturales e inevitables sinsabores de la vida más pensamientos coléricos y catastrofistas. Como decía la maravillosa escritora Ana María Matute: “El mundo hay que fabricárselo uno mismo, hay que crear peldaños que te suban, que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida porque acaba siendo verdad

 

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