Cómo sobrevivir a la, cada vez más larga, época navideña

“Odio la Navidad”

“No soporto estas fiestas”

“Cada vez que oigo un villancico me dan ganas de irme lejos” …

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Vuelve, a casa vuelve … No sólo el turrón, también el estrés vuelve a casa por Navidad.

Cada vez más personas engrosan las filas de un verdadero ejército de Misters Scrooge del siglo XXI, cada vez más personas manifiestan sentir ansiedad ante estas fiestas de amor, paz, felicidad y hasta de nieve artificial por decreto ley, para completar la idílica postal emocional que interesa crear y que se va adelantando tanto que no les extrañe nada que llegue un momento en que vivamos todo el año en un permanente bucle navideño.

Según un sondeo del CIS sobre la Navidad, son más las personas que, en esta época, están más pendientes de los gastos que se les vienen encima que de reunirse con gente querida, de disfrutar junto a los más peques de la casa o, en caso de ser creyentes, de imbuirse del tema religioso que, en origen, se celebra.

Estas parecen ser las principales quejas de quienes reniegan de las fiestas navideñas:

  • “Todo el día nos están machacando con las dichosas Navidades”: En la publicidad, en los escaparates, en los adornos de las calles, en general, por todas partes. Parece que resulta imposible escapar de ello, es cierto, pero todo depende de nuestra actitud, de que seamos capaces de encontrar, entre tanto bombardeo, aspectos que nos resulten agradables, ya sea el hecho de ver a gente a la que apreciamos que está fuera y vuelve de vacaciones, o disfrutar la amplia oferta cultural que suele haber en estas fechas, o aprovechar los días festivos para pasear por lugares que quizá tenemos cerca y nunca encontramos tiempo para visitarlos.
  • “No hacemos más que gastar y gastar”: Tal parece que competimos para demostrar quién compra los mejores y más caros regalos o en qué casa se preparan las comidas y las cenas más originales y selectas. Pues hemos de asumir que la responsabilidad de nuestros gastos no la tiene ni la musiquita, ni las lucecitas, ni nadie de fuera, somos solamente nosotros quienes decidiremos cómo y cuánto, independientemente de lo que nos digan los anuncios o los vecinos de al lado.
  • “En esta época me angustia recordar a las personas que ya no están”: Al estar constantemente rodeados de mensajes de amor y armonía familiar, es inevitable entristecernos por la ausencia de nuestros seres queridos. Sin embargo, esa tristeza no debería ser motivo de sufrimiento, más bien todo lo contrario, que les recordemos es el mejor acto de amor que les podemos dedicar, es la celebración del tiempo que vivimos y compartimos con ellos.
  • “Siempre discutimos sobre dónde pasar estas fiestas”: Es conveniente tomar decisiones sobre las reuniones familiares, intentar llegar a acuerdos de cuándo, dónde y con quién se van a celebrar. No dejar esa decisión para el último día e intentar ser flexibles para alcanzar acuerdos. Hay numerosas alternativas que se pueden contemplar sin que nadie salga perdiendo y todas las alternativas son válidas si están basadas en el acuerdo.
  • “Cómo me aborrece tener que aguantar a la familia”: Ajustemos expectativas, no vamos a cambiar a nadie el día de Navidad, ni tampoco somos quiénes para hacerlo. Las personas somos como somos, fruto de nuestra personalidad, nuestras experiencias, nuestras propias historias de vida. Es una cuestión de respeto. No sólo los demás cometen errores, todos tenemos montones de equivocaciones, de frases inoportunas, etc. Eso sí, hay algunas cuestiones que pueden resultar de gran ayuda: no sacar a relucir aquellos temas que la experiencia nos dice que suelen ser polémicos; no beber demasiado alcohol, pues nos vuelve menos reflexivos y más impulsivos a la hora de actuar y de hablar; y aprovechar para organizar actividades que pueden ser agradables, como juegos de mesa o ver fotos antiguas, pues suelen dar lugar a momentos simpáticos o, al menos, neutros.
  • “Me agota todo lo que hay que hacer en navidades”: Muchas personas, especialmente mujeres se sobrecargan en estas fechas con mil y una tareas ¿Si los modelos de familias han cambiado tanto en los últimos tiempos, no va siendo hora ya de que cambie también la forma de celebrar estas fiestas? Deberíamos amoldar la Navidad a nosotros y no tener que adaptarnos a un modelo de celebración de la Navidad tradicional, que se ajusta muy poco a muchas realidades actuales. Se hace, entonces, imprescindible delegar y repartir trabajo. Cada persona puede llevar algo de comer y ocuparse de alguna de las numerosas tareas que hay que hacer. Funcionar como equipo resulta más justo y más gratificante también.

En definitiva,  intenten no dejarse avasallar por la presión y el consumismo reinante y, ya sea al estilo de “Qué bello es vivir”, al de “Plácido”, al de “Love Actually”, al de “Solo en casa” o al de “Pesadilla antes de Navidad”, vivan ustedes la época navideña como más les apetezca.

 

 

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