Cómo detectar las manipulaciones emocionales

¿Por qué se usa tanto la manipulación emocional, una de las fórmulas de comunicación más tóxicas que hay, en cualquier ámbito de las relaciones humanas? Pues, sencillamente, porque funciona, porque da poder, porque permite conseguir los propios objetivos, aunque sea a costa de los objetivos de otra persona. Porque, aunque se disfrace de buena intención, aunque se jure que se hace por el bien de los demás, lo cierto es que lo que se persigue es que todo sea como se quiere o como se desearía que fuera:

Roberto quiere darle una sorpresa a su mujer, un viaje para finales de año. Cuando, ilusionado, comenta a sus padres que ya tiene los billetes, estos le espetan: “Pero siempre nos hemos reunido en esas fechas, si nos quisieras no nos harías esto …”

Silvia lleva mucho tiempo en una relación afectiva que no funciona. Cuando, tras darle muchas vueltas, decide hablar con su pareja, le expone la separación como solución a una etapa que no da más de sí. La respuesta que obtiene es: “Nadie te amará como yo… Tú verás, pero, con esa pinta, ¿quién te va a querer?”

Tomás se ha olvidado de hacer el trabajo de ciencias naturales. Su profe le dice: “Pero Tomás, ¿cómo has podido olvidarte?, con lo que tus padres se molestan por ti, con todo lo que se sacrifican, si fueras un buen hijo no les defraudarías”

Raquel trabaja en una empresa y está inmersa en un proyecto muy ilusionante pero agotador. Necesita más tiempo del previsto y no quiere quitarle más horas a su familia. Así lo comunica a la dirección, que le responde: “Habíamos pensado que era usted la persona indicada para este proyecto, pero haga usted lo que quiera, si su trabajo no es la prioridad, tendremos que reconsiderar el ascenso que teníamos pensado darle…”

Como se puede observar en estos ejemplos, la manipulación o el chantaje emocional apelan a algunas de las emociones más fuertemente arraigadas en el ser humano: el miedo (al enfado, al abandono, al rechazo), la culpa, así como el sentido de la responsabilidad.

La solución no creo que esté en el tono victimista que, en muchas ocasiones, se adopta ante este tema, enfoque que nos coloca como mártires indefensos ante los chantajes emocionales de los demás. Por supuesto que hay grados, por supuesto que hay situaciones en las que la manipulación llega a niveles muy destructivos, incluso de maltrato, y hay que actuar de forma contundente acorde a la gravedad de los hechos, pero, la gran mayoría de las veces no es así, pues, si nos paramos a pensarlo bien, seguro que todos, alguna vez, lo hemos hecho y no porque seamos personas maltratadoras, maquiavélicas y retorcidas, sino porque queremos conseguir lo que queremos conseguir…

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Teniendo en cuenta todo esto, se trataría entonces, por un lado, de ver la conveniencia de no utilizar la manipulación emocional siendo conscientes de las consecuencias negativas que provoca; y, por otro lado, se trataría de aprender a gestionar las situaciones en las que son otras personas quienes nos pretenden manipular. En estos casos, ¿cómo hacerlo?

Aquí van algunas pautas que podrían resultar de gran ayuda:

  • Identificar que nos están manipulando

Pueden parecer comentarios inofensivos, incluso de aprecio, pero la carga emocional negativa que encierran es importante. En esas consecuencias emocionales y en conductas reiteradas de control, exigencia, promesas o regalos a cambio de algo, culpabilización o agresividad, es donde podemos detectar que nos están intentando manipular.

  • Asumir el malestar natural que vamos a experimentar

Aceptar que sí, que nos vamos a sentir mal. Así que no claudiquemos a pesar de nuestra incomodidad, a pesar de nuestro malestar. Podemos soportarlo, va a ser pasajero y, en cada situación, aprenderemos y mejoraremos.

  • Detenernos para evaluar

Pararnos e intentar aplazar la respuesta para ganar tiempo, para no entrar al trapo, para poder pensar en cómo nos conviene actuar: “Ahora mismo no puedo responder, tengo que pensarlo…”, “Necesito tiempo para darle una vuelta al tema…” Repetir nuestra intención si nos insisten demasiado. Hacerlo así para analizar la situación conlleva múltiples ventajas: nos devuelve poder, nos permite reordenar nuestros planteamientos y decisiones y da lugar a que podamos evaluar las opciones que nos pueden interesar más.

  • Poner el foco de atención, no en lo que nos hacen, sino en lo que nos viene bien hacer

En vez de darle vueltas y vueltas a lo mal que se comportan otros o a los planteamientos irracionales que mantenemos como que no podemos soportar que se enfaden o que tenemos que ser buenas personas haciendo siempre felices a los demás, merece la pena dirigir nuestros esfuerzos en centrarnos en lo que podemos hacer, en cómo podemos reaccionar para salir lo mejor posible de estas situaciones y que no somos egoístas por ello.

  • Entrenarnos en asertividad

Aprender a poner límites y a hacer frente, con firmeza y sin justificarnos, a la presión, a las críticas, a los reproches, a las amenazas. Sin olvidarnos de una de las mejores herramientas para neutralizar a quien nos quiere manipular, la habilidad de decir “no” cuando realmente sentimos que queremos decir “no”. No se consigue de un día para otro, pero con práctica, vaya si se logra.

 

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