El arte de amargarse las vacaciones

Como ustedes ya se habrán dado cuenta, estamos terminando agosto, el mes del descanso por excelencia. Y, aunque Abraham Maslow se hubiera olvidado de colocar las vacaciones en el primer nivel de su famosa pirámide de necesidades, lo cierto es que disponer de un tiempo de descanso resulta muy conveniente, ya que supone recuperarnos física y psicológicamente, supone repararnos del esfuerzo cotidiano. Así es que pasamos casi todo el año pensando en las vacaciones y hasta notamos que los días se nos hacen más largos a medida que estas se van acercando.

Ocurre, sin embargo, que hay cada vez más personas a las que las vacaciones estresan, les producen angustia y malestar emocional, e incluso les pueden llenar de amargura sin que sepan exactamente por qué les sucede.

Ya es sabido que estar de vacaciones no garantiza que vayamos a estar bien automáticamente. Ya es sabido que, si hay un problema de pareja, familiar o del tipo que sea, el sólo hecho de irse de vacaciones no va a resolver el problema, incluso puede que lo agrave, pero, es importante saber también que, en la mayoría de las ocasiones, esa angustia y ese estrés que mencionaba antes, tienen que ver más bien con la actitud que adoptamos y con las decisiones que tomamos.

Así que, hayan hecho lo que hayan hecho en estos días de descanso, se hayan quedado en sus casas, se hayan ido ustedes al pueblo de al lado o hayan viajado a un continente lejano, si optan por amargarse las vacaciones con su forma de proceder, quizá esté ocurriendo por alguno de estos aspectos, sino por todos ellos:

  1. Lo primero a tener en cuenta para provocar unas vacaciones estresantes es ponerse unas expectativas altas, muy altas. Esperar ser felices todo el tiempo; esperar que los desplazamientos, la comida, el alojamiento o cualquier cosa que hagan, sean perfectos; esperar que las personas que los acompañen tengan siempre la palabra exacta que quieran ustedes oír y la conducta que más les agrade; esperar que los lugares que van a visitar sean exactamente iguales a esas fotos que pululan por las redes sociales. Si piensan que todo, absolutamente todo, va a ser idílico, mejor que mejor.
  2. Igualmente es muy importante tenerlo todo controlado, preparar un extenso listado de cosas a hacer y exigirse llevarlo, después, a rajatabla. Planear todo al milímetro, de forma rígida e inflexible, no dejar hueco a la improvisación, no permitirse descubrir algo con lo que no habían contado.
  3. Convertir en lo prioritario hacer esa foto especial. Da igual que no se enteren del sitio en el que están, lo importante es la foto. Aunque se tengan que asomar a peligrosos precipicios, aunque se tengan que bañar en aguas tóxicas. Lo único que debe motivarles es hacer la foto, subirla a Instagram y salir corriendo al siguiente lugar.
  4. Si quieren añadir más amargura, conviene pasar los días con esos familiares con quienes no tienen nada en común y con quienes discuten hasta para decidir el aliño de la ensalada. Háganlo todo juntos, todos los días. Técnica de inundación sin límites.
  5. Otro aspecto fundamental para aumentar el estrés vacacional es no desconectar el móvil, llevarlo a todos lados y, desde luego, si les envían correos o les llaman del trabajo, estar siempre disponibles.
  6. Gastar por encima de sus posibilidades reales. Pedir un préstamo, endeudarse, y confiar en que quizás les toque la lotería o una apuesta deportiva en esos locales que ya hay en cada barrio y en cada esquina. Ya se preocuparán más adelante de cómo lo van a pagar.
  7. Estos días anteriores al fin de las vacaciones comiencen a rumiar sin descanso con la vuelta al trabajo, la rutina, los problemas, los atascos, las decisiones pendientes. Cómo van vivir el momento presente con todo lo que les espera…, ni se les ocurra.
  8. Y ya, para rematar lo que vienen a ser unas vacaciones angustiosas, laméntense por todo lo que no les gustó, por todo lo que salió mal o por todo lo que pudo haber sido mejor de lo que fue. Y, si alguien les dice que no se quejen tanto, que hay mucha gente, como las personas cuidadoras, que casi no tienen ni descansos, no las escuchen, sigan con su angustia y su malestar.

Summertime, cantaba Ella Fitzgerald, aún es tiempo de verano. Decidan qué hacer con los días que les quedan de descanso. Yo ya he decidido que no voy a seguir ni uno solo de estos consejos ¿Y ustedes?

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2 Comments

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  1. Buenísimo 😂😂😂

    Hay quien practica esas pautas todos los días 😉

    Un abrazo

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  2. Sí, y así lo pasan de mal, incluso estando de vacaciones…
    Gracias y montones de besinos, Elma

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