PIECES (ARTÍCULOS DE OPINIÓN DEL MES DE ENERO EN LA VENTANA DE ASTURIAS, EN SER GIJÓN)

LA CARTA MÁS LARGA (4-1-21)

¿Recuerdan ustedes el interminable folio de las partes contratantes que Groucho Marx desplegaba en una de las escenas mas recordadas de “Una noche en la ópera”? Pues así de extensa me está quedando a mí la carta a mis reinas magas – qué quieren que les diga, la sombra de Gloria Fuertes es más que alargada–

Empecé la carta muy comedida y, teniendo en cuenta los tiempos que vivimos, les pedí sencillamente salud, que no sé cómo la Fundéu no la ha elegido palabra del año, pues anda que no la hemos nombrado como si cada día fuera el día de la lotería.

Luego leí por algún lado que, si económicamente falla lo básico, la salud no va, especialmente la mental, así que le añadí un trocín adjunto con el deseo de que, tanto desde nuestro gobierno nacional como desde el regional, se utilicen la responsabilidad, la solidaridad y la empatía como ejes vertebradores en el uso de esos presupuestos recién aprobados y apoyados, en un sitio y en el otro, por casi todos.

Ay, pero también recordé la necesidad de acabar con el mal rollo reinante y hala, otro adjunto más pidiendo a mis magas unión, cohesión y priorización del bien común por encima de intereses individualistas, partidistas, o de cualquier otro tipo egoísta.

Y aquí estoy, añadiendo más y más trocinos con deseos que ipso facto colocaría en la base de la pirámide de Maslow. Que si más cine, teatro y conciertos; que si la lucha contra el cambio climático; que si políticas realmente humanitarias y efectivas en temas de derechos humanos; que si la paz mundial…

Ay, magas mías, es que hay tanto que arreglar…

ENCUENTROS EN LA TERCERA OLA (11-1-21)

No sé si les ocurrirá también a ustedes, pero a mí ya no me sale tan automático el gesto de ir a abrazar cuando me encuentro con alguien que conozco. Es la natural adaptación, no me preocupa demasiado. Cuando se pueda, el gesto volverá a ser espontáneo. Lo importante es que la calidez de los encuentros no se altera. Las miradas, los gestos, las palabras, logran su propósito, incluso a 2 metros de distancia y tras la mascarilla.

Hay, sin embargo, otros encuentros más “a pelo”, pues, igual que hay gente que prefiere correr el riesgo de una ETS por no usar condón, hay quienes eligen sus encuentros sin ninguna protección, ni siquiera sabiendo que la tercera ola podría causar numerosos brotes a nuestro alrededor. Por comodidad egoísta, por soberbia elitista, por nula empatía… A saber… Podría aclararlo alguien del vídeo de la fiesta en el “cielo” sportinguista. Aunque no han sido ni serán los únicos, desde luego.

Por el contrario, empatía y responsabilidad es lo que tiene de sobra el personal de los equipos vacunadores asturianos, que van al encuentro de la gente, incluso domingos y festivos, y aunque sea en medio del hielo y de la nieve. Como decía Ana Castaño la semana pasada en estas mismas ondas, no es casualidad. Lo público, con este tipo de profesionales y con medios adecuados, funciona.

Sean responsables en esta tercera ola, cuiden y cuídense. Y cuídense especialmente de la gente que no les trate bien, que no les respete, de la gente a la que no le importe la salud y la integridad de los demás o de la gente que no sepa (o no quiera) distinguir, por ejemplo, entre rodear y asaltar. Mejor otros encuentros, aunque sean, de momento, sin poder abrazar.

LA CALLE DE MI RECREO (18-1-21)

Hay nombres de calles que generan buen rollo.  Prestaría vivir, por ejemplo, en una que se llamara Calle de las Sonrisas. O en la ficticia y sabinera Calle Melancolía. O en una Calle del Mendrugo, como se llamaba el rincón veleño en el que nació la escritora María Zambrano, y que hacía honor a los trocitos de pan que llevaba la chiquillería para el recreo.

Considero un completo error, sin embargo, la generalizada costumbre de vincular las vías y los edificios públicos, con nombres de personas determinadas. Las sociedades son cambiantes, la importancia que un personaje tiene en una época, puede no tenerlo en otra…

En un colegio público de Avilés, sin ir más lejos, se ha sustituido hace unos días el nombre de un delator de maestros y maestras de la República por la denominación de la zona en la que el centro se encuentra, La Toba.

En Gijón se va a cambiar el nombre de la Avenida Juan Carlos I tras todos los acontecimientos que se van sucediendo.

Y ahora hay quienes quieren poner el nombre de Areces al Paseo de Poniente…

Un poco de creatividad no vendría nada mal. Miren que hay nombres para dar y tomar, nombres que no obedecen a intereses partidistas ni generan incomodidad.

Avenida de la Lectura, Paseo de la Honestidad, Calle de los Labios Rojos, Pasaje de los Abrazos, Plaza del Tambor y la Gaita, Parque de la Luz Nacionalizada… Hasta una calle con el nombre de su comida favorita, ¿por qué no? Yo viviría entonces en la Calle del Frixuelo.

Y ustedes, ¿qué nombre le pondrían a su calle? 

Quítate tú pa ponerme yo (25-1-21)

Siempre los hemos visto en las películas de catástrofes. Esas de incendios o de olas gigantes. Los guiones siempre contienen personajes que tiran por la borda a alguien del bote salvavidas para subirse ellos, que cogen la mascarilla de oxígeno al niño del asiento de al lado, que huyen los primeros como ratas abandonando el barco.

En esta película, aún sin final, en la que llevamos instalados hace ya casi un año, vamos viendo el Darth Vader que llevamos dentro, el lado egoísta, interesado y mezquino que, en mayor o menor medida, tenemos los seres humanos.

Países que se llevan las vacunas porque se ponen en la fila los primeros con los fajos de billetes asomando. Que con las cosas del comer y del sanar no se debería comerciar.

O dirigentes, altos cargos y demás que reciben su dosis de inmunidad contra el bicho sin que les corresponda.

Pero no caigamos en la abstracción selectiva, esa que nos hace quedarnos solo con las cosas negativas.

Decía en La Ventana la semana pasada Juanra Amores, alcalde de La Roda, que él no iba a ponerse por delante de nadie, que él estaba ahí para servir, no para servirse. El, con su ELA a cuestas, pero con una dignidad del tamaño de un elefante. Y como él, muchas mujeres y hombres de diferentes ámbitos: de la política, de la sanidad, de la seguridad, de la educación, de los servicios, etc., con actitudes bien humanas, solidarias y responsables. Estas personas merecen que hablemos también de ellas. Son muchas más.

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