Adolescencia, Internet y redes sociales

6 propuestas para educar en el uso de dispositivos móviles

“Esta juventud, siempre con el teléfono en la mano”

Y probablemente lo digamos sin levantar la vista de nuestro propio aparato –ya conocen ustedes eso de “haz lo que digo y no lo que hago”–, encadenando críticas con escasa piedad y notables dosis de soberbia: “no saben divertirse”, “no saben comunicarse”, “no hay época mejor que la nuestra” …

Pero, ¿qué esperamos? Es la era que les toca vivir. Seguro que algo similar ocurrió, años ha, con la aparición de los televisores. Aquellos con tubo de imagen y pequeñas lámparas que, con el uso, se fundían (cómo me fascinaba de niña observar a mi padre arreglar las entrañas de aquellas teles de imágenes en blanco y negro y carcasas de madera)

Los dispositivos móviles son hoy en día el nuevo patio en el que la gente joven crece, se comunica y se informa, un hábitat en el que socializan y se desarrollan como personas, una ventana a través de la cual pueden acceder a lo mejor, pero también a lo peor del mundo y del alma humana.  Mejor nos iría si criticáramos menos y ayudáramos más.

Quizá les resulten útiles estas sugerencias:

  1. Para empezar, no vendría nada mal –aunque requiere de infinita paciencia y de grandes habilidades de negociación– retardar todo lo posible el acceso al primer dispositivo móvil –no, no es un buen regalo de comunión, aunque “todos lo tengan”–. En todo caso, será útil preocuparnos de observar cómo lo gestionan y ponernos al día, para resolver sus dudas.
  2. Podemos establecer y negociar tiempos y lugares de uso, pero ¡para toda la familia! Como en cualquier otro aspecto de la educación debemos predicar con el ejemplo. Preparémonos para los conflictos, porque los habrá ¡Es la adolescencia, amigos y amigas!
  3. Resulta tremendamente tentadora la idea de prohibir. Les aseguro, sin embargo, que no funciona. De hecho, puede ser tan perniciosa como la falta absoluta de supervisión, pues, lejos de solucionar el problema, suele derivar en un mayor aislamiento del adolescente. Tampoco sirve de nada amenazar con quitarles el móvil o eliminar sus redes sociales porque solo lograremos que no recurran a nosotros si tienen algún problema grave, de acoso, por ejemplo.
  4. Intentemos que defiendan su privacidad, que no suban a la red fotos personales, que no acepten a desconocidos, que den valor a su intimidad en el presente y en el futuro.
  5. Hablemos con claridad, sin sermones ni moralismos, de las ventajas e inconvenientes de Internet y redes sociales, así como de los riesgos que pueden acarrear: posibilidad de desarrollar conductas de tipo adictivo; acceso ilimitado a contenidos violentos, pornográficos, lgtifobos, machistas o xenófobos; existencia de nuevos delitos como la sextorsión o el ciberacoso; fácil acceso a apuestas y juegos de azar (según la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados, España cuanta con la tasa más alta de ludópatas entre 14 y 21 años, por eso, de cara  a la prevención, bienvenidas sean acciones como el recientemente promulgado Real Decreto que regula la publicidad del juego)
  6. Siguiendo con la prevención, no nos olvidemos de fomentar desde la infancia autoestima, autoestima y más autoestima. Y ya si añadimos la práctica habitual de otras experiencias, de otras actividades al aire libre y en casa, será casi una fórmula mágica.

Seamos realistas, si hasta las viejecitas de Forges usan la tablet azada… Internet y las redes sociales no son una moda pasajera, han venido para quedarse. Sencillamente eduquemos en un uso más seguro y responsable.

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