PIECES(ARTÍCULOS DE OPINIÓN DE DICIEMBRE EN LA VENTANA DE ASTURIAS, EN SER GIJÓN)

Llaveros para esquizoides (6-12-21)

Debe ser deformación profesional, pero miedo me da que, al paso que vamos, acabemos todos con rasgos esquizoides. Por aclarar, la personalidad esquizoide tiene que ver con una marcada tendencia al aislamiento, a la evitación de las relaciones interpersonales, al mantenimiento de la distancia social. Vamos, una huida de todo congénere como si fuera la peste.

Ya me dirán cómo podemos salir indemnes de la ración diaria de odio y rabia a la que nos exponen determinados sectores políticos y mediáticos. Resulta harto difícil que no nos cambie la forma de ser, de sentir y de pensar.

Lo peor será si les compramos el discurso indecente que propagan. Ya sea sobre el fallecimiento de Almudena Grandes, ya sea sobre los vulnerables menores no acompañados, ya sea sobre el colectivo LGTBI, ya sea sobre las feministas y el 8M (al que invocan siempre cuando hay buenos datos, como han sido los últimos del paro) o ya sea sobre Barbón y Pumares defendiendo la oficialidá.

Necesitamos como ciudadanía no caer en la tentación de vernos como antagonistas perpetuos. Sería terrible dejarnos invadir por la desconfianza, la suspicacia y la intolerancia como formas de conducirnos en sociedad. Mal, muy mal acabaríamos si les siguiéramos el cuento. De ahí a volvernos esquizoides no habría mucho trecho.

Ya les digo yo que, entre esto y las dosis continuas de miedo con cada nueva noticia pandémica, de verdad que ya solo falta que alguien invente llaveros extensibles que den descargas eléctricas a quienes se nos acerquen demasiado.

Uy, qué parece ser que ya están inventados y se están vendiendo como churros…

Igual tendremos que empezar a preocuparnos…

La comida y las emociones (13-12-21)

Si han leído o visto “Como agua para chocolate”, recordarán la estrecha relación entre las emociones y las recetas que, a lo largo de la narración, Tita, la protagonista, iba elaborando. Codornices en pétalos de rosas, mole de guajolote con almendra y ajonjolí o pastel chabela, eran algunos de los platillos que iban trenzando el sentir y el devenir de los personajes.

Se mencionó esta obra, con la anécdota incluida de que la propia escritora, Laura Esquivel, cocinaba estas recetas durante el rodaje de la película, en el Congreso del Bienestar que esta cadena, la Ser, organizó el fin de semana aquí en Asturias, en concreto, en el Teatro Palacio Valdés de Avilés y cuya temática fue la gastronomía.

Si algo quedó claro en todas las ponencias del Congreso, además de que somos lo que comemos, es el hecho de la influencia de la alimentación en nuestra psique. Neurogastronomía lo llaman.

Porque realmente nuestro cerebro se emociona cuando comemos.

Comer es una de las necesidades fisiológicas fundamentales de la Pirámide motivacional de Maslow. Pero sabemos que es mucho más. En el acto de comer entran en juego los cinco sentidos y otras variables psicológicas, como son las expectativas, la memoria o las emociones.

El recuerdo de algunas recetas de nuestra infancia, la presentación y el color de los alimentos, la vajilla en la que se sirven, la música de fondo, incluso el precio, van a influir, y mucho, en nuestra percepción de los sabores de lo que ingerimos y en las emociones que sintamos al hacerlo. Pueden estimular la producción de endorfinas, serotonina y algunos neurotransmisores más, implicados en las sensaciones de placer y bienestar.

Yo hoy voy cenar una tierna y esponjosa tortilla francesa con deliciosas rodajas de tomate de la huerta, en un plato de la vajilla de las ocasiones especiales y escuchando música de la mi Aretha Franklin. Ya les contaré la experiencia gastronómica…

Todo por la audiencia (20-12-21)

En la década de los 80, tras el cierre generalizado de muchos cines, el videoclub del barrio era nuestra mayor plataforma audiovisual. Bueno o malo, nos veíamos casi todo lo que llegaba. Entre Goonies, Gremlims, Regresos al futuro y demás, hubo también una película escrita con pseudónimo por Stephen King y dirigida por el inolvidable Starsky. “Perseguido” se llamaba. Cuenta la distópica historia de un programa del año 2017 en el que un prisionero (culpable o no) es dejado libre en un plató de televisión para que unos cazadores le atrapen.

Regularcilla como película, tiene, sin embargo, el honor de haber sido la primera en mostrar cómo, a mayor brutalidad y sadismo, mayor audiencia. Pues, de un tiempo acá, en nuestras pantallas algo así está ocurriendo: medios de comunicación manipulando noticias, televisiones que hacen lo que sea por obtener cada vez más dinero y público sediento de sangre.

Solo hay que ver cuáles son los programas más vistos cada día o las noticias más seguidas y cómo son comentadas. Háganlo y lleguen a sus propias concusiones.

Llevamos años con programas de telerrealidad de todo tipo, no les voy a dar nombres, ya saben de cuáles les hablo. Raciones diarias de morbo, de comportamientos mezquinos, de agresividades verbales y no verbales, de odios sin filtro, de ataques de ansiedad en vivo y en directo… Todo ello con las cámaras en primer plano y las redes sociales distorsionando y amplificando aún más la bajeza y la indecencia de la que somos capaces. 

Las consecuencias no son banales, vemos que este estilo se contagia en cualquier tipo de grupo humano, en las familias, en las reuniones sociales, en el Congreso…

Llega la hipocresía navideña, haremos un paréntesis. Pero no nos engañemos, en seguida volveremos a pedir sangre.

La esperanza es lo último que se pierde (27-12-21)

Estamos en la recta final de este 2021. Seguramente no ha sido todo lo bueno que esperábamos cuando hace un año tomábamos las uvas.  Hemos ido estos doce meses de sobresalto en sobresalto, intentando mantenernos resilientes frente a virus y a bichos de toda índole.

Porque contra la indefensión que provocan las diferentes variantes del covid, el ciberataque sufrido por el Sespa, el precio de la luz, las consecuencias del volcán de la Palma, los discursos de odio y la reventa de test de antígenos, siempre podemos encontrar un resquicio de esperanza.

La esperanza de toda la gente que intenta hacer las cosas lo mejor que puede cada día. De seres humanos que miran más allá de su ombligo, ya sea trabajando a destajo poniendo vacunas, ya sea defendiendo los derechos humanos, ya sea cuidando a las personas vulnerables y solas, ya sea peleando cada día desde cualquier ámbito, desde el valor que siempre tienen las acciones cotidianas.

Sé que no resulta fácil, sé que mantener esa esperanza supone casi un acto de gran heroicidad. Pero, ¿no ha sido justamente eso lo que han hecho quienes nos han antecedido? Continuos actos de heroicidad, en el devenir de cada día, aunque la mayoría no los veamos escritos en los libros de historia.

Sea como sea, tienen ustedes derecho a decidir si mantener o no cierta esperanza a la hora de afrontar su vida. Quien les relata estas líneas no está en posesión de la verdad, desde luego. Ya lo decían Les Luthiers: “La verdad absoluta no existe y esto es… absolutamente cierto”

¡Feliz Año Nuevo!

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