PIECES(ARTÍCULOS DE OPINIÓN DE ABRIL EN LA VENTANA DE ASTURIAS, EN SER GIJÓN)

La violencia la pintan calva (4-4-22)

Todas las estaciones del año concentradas en unos pocos días.

Al menos aquí en Asturias.

Primavera, verano, otoño, invierno… primavera…

Justamente así se titula una sencilla pero maravillosa película del coreano Kim Ki-duk, una cinta que refleja cómo la naturaleza va marcando los ciclos del aprendizaje y de la vida, incluyendo la inclinación humana por la violencia.

Una violencia que, a modo de desodorante, nunca nos abandona.

Mucho hemos escuchado estos días sobre la testosterónica bofetada por un chiste sobre la alopecia de Jada Pinkett. Ha servido para, una vez más, debatir sobre los límites del humor. Y debatir siempre es bueno, no cabe duda y más sobre algo íntimamente relacionado con la libertad de expresión. Tan sana. Tan necesaria.

Y, sin embargo, hay cosas que maldita la gracia.

Mi hipocampo me lleva al aeropuerto de Atenas en una época en la que, debido a un tratamiento de quimioterapia, yo llevaba peluca. Al ir a tomar el vuelo de vuelta a España me pidieron, en medio de la zona de control de pasajeros, (muy amablemente, eso sí) levantar la peluca. Que igual pensaban que podía ser un buen escondite para llevar un trozo del Partenón o incluso droga dentro…

Sé que era una cuestión de puro trámite, pero no pude evitar sentirme humillada, con unas ganas terribles de llorar. No lo hice. Sonreí de forma mecánica y me la volví a poner en cuanto vieron que no era yo una Marcial Dorado en potencia. 

Entiendo, pues, cómo se pudo sentir Jada.

Que uno mismo bromee con su enfermedad es algo muy liberador y catártico, pero que lo haga otro, ya es harina de otro costal.

¿Creen probable que el próximo año se haga un chiste sobre la afasia de Bruce Willis?

Yo tampoco. 

Pues eso… Pura violencia.

Tres veces, tres (11-4-22)

Considera la numerología que el tres es un número divino porque el principio de todas las cosas se forma a partir de tres conceptos. Si creyera en estas pseudociencias, pensaría que podrían tener algo de justicia divina las tres veces que se ha intentado encausar a parte del anterior equipo de gobierno del Ayuntamiento de Oviedo (tripartito, por cierto) y las consiguientes tres veces que esos burdos e infames intentos han sido archivados. Hay, desde luego, quienes, cada dos por tres, retuercen la realidad en un verdadero ejercicio de triple salto mortal con tirabuzón y triple pirueta, para intentar triturar a sus adversarios, amedrentándolos y difundiendo esa deseada foto de banquillo, en tres dimensiones si pudieran.

La Wikipedia añade que el número tres es un primo gemelo con cinco. Gemelo no sé, pero hay por ahí un alcalde con un primo que dice que no ha visto tres en un burro, que no ha observado a nadie trincar (entendiendo trincar según la tres más una acepción de la RAE)

El número tres es el número que sigue al dos, dice precisamente la RAE. Y, como no hay dos sin tres, justo el mismo día que el tripartito fue absuelto conocíamos la tercera condena de la Audiencia Nacional al PP por la trama Gürtel. Tres veces, tres…

Por cierto, “Atraco a las tres”, qué magnífica película de nuestro cine.

En fin, gran número el tres, como grandes las tres Tanxugueiras que disfrutamos el sábado, en Mieres. Tres puntos para la Folixa na Primavera.

Si no estás conmigo, estás contra mí (18-4-22)

El sábado en El Molinón miles de niños, niñas y adolescentes recibieron una verdadera lección acerca de cómo canalizar la frustración hacia la agresividad y de cómo materializar esa agresividad en patadas voladoras y puñetazos rectos, curvos y de gancho.

Toda una labor de educar en los valores del deporte echada por tierra en unos minutos.

¿Cómo les muestro yo, por ejemplo, ahora a mis nietos y nietas eso de la tolerancia, el afán de superación, la autodisciplina, la responsabilidad, el compañerismo y, especialmente, el respeto?

Dejó escrito Eduardo Galeano en su obra “Patas arriba: “La violencia engendra violencia, como se sabe; pero también engendra ganancias para la industria de la violencia, que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo”.

Pues así estamos, patas arriba. No es casualidad que la violencia ocupe cada vez más espacio en los medios. No es casualidad que se promueva constantemente la polarización en todos y cada uno de los ámbitos de la vida.

Y estamos pagando las consecuencias.

Si crecemos en un ambiente en el que se favorece la tendencia a pensar de forma polarizada y dicotómica, que nos hace pensar que “si no están conmigo, están contra mí”; en un ambiente en el que la agresividad se construye como un valor, un atributo, una garantía de éxito, difícilmente se lograrán inculcar métodos no violentos de resolución de conflictos.

Porque TODOS los conflictos pueden ser resueltos, absolutamente todos. Dejemos de justificar la violencia de una vez. Si queremos un mundo sin violencia empecemos ya a cambiarlo.

¿A qué esperamos?

“Black Mirror” en el Ayuntamiento de Gijón (25-4-22)

Hace unos días recibí una llamada en mi móvil personal en la que me contaban algo relacionado con criptomonedas. Como no tengo ni repajolera idea del asunto (ni quiero tenerla), educadamente dije que no me interesaba, pero, justo antes de colgar, la voz al otro lado del auricular me aseguró tajante que me seguirían llamando. Bloqueé el número, por supuesto, aunque lo que más me perturbó no fue la amenaza, fue que supieran mi nombre completo…

¿Quién les facilitó esa información?

La vieja idea –creo que de Hobbes–, de que quien tiene la información, tiene el poder, sigue hoy más vigente que nunca. Quizá sea por eso por lo que se ha producido el ciberataque al Ayuntamiento de Gijón.

Dicen quienes saben de estos temas que, aparte de la simple búsqueda de reconocimiento por parte de los hackers, puede haber varias razones por las que se puede producir un ataque informático: una, para conseguir dineros; otra, para saber cosas de la competencia; una última razón sería la relacionada con la posibilidad de disponer de información sobre todo bicho viviente, ya sea para ofrecerle cualquier producto, ya sea para poder utilizar la información recogida según cuándo y cómo interese.

Cuando pienso en piratas informáticos, me vienen a la cabeza los simpáticos chavalillos aquellos que espiaban para el gobierno en la serie “The Good Wife”, más interesados en cotillear y ver vídeos virales de cabras por el monte que de la seguridad.

Sin embargo, la actualidad de espionajes, ciberataques y demás no resulta tan amable, más bien nos indica que, donde realmente nos encontramos es en aquella serie de “Black Mirror”. Y no deja de ser ciertamente inquietante.

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