Te lo juro, amor, te juro que voy a cambiar

Cómo ayudar a una mujer que sufre violencia de género

Impotencia, frustración, tristeza, rabia y miedo, mucho miedo por lo que pueda pasar…

Cómo no experimentar todo ese maremágnum emocional cuando una mujer a la que conoces, sea tu madre, tu hija, tu hermana, tu prima, tu amiga, tu vecina, una clienta de tu comercio o una usuaria de tu consulta, se encuentra en una relación de maltrato y vuelve una y otra vez con quien la está dañando.

Sé que cuesta comprender. Sé que no es fácil entender que vuelve porque es alguien a quien quiere o ha querido durante tiempo, porque mantiene la esperanza de que cambie, porque la situación de maltrato ha ido minando su capacidad de decisión y aumentado la culpa y la dependencia del agresor. También puede que sea por no romper la familia, por no enfrentar la soledad, por la situación económica, por vergüenza, por miedo a cómo él pueda reaccionar…

Vuelve, además, por el habitual falso arrepentimiento del maltratador, ese que sucede tras la tensión y tras la violencia, ese arrepentimiento que genera en la mujer la ilusión de recuperar al hombre del que se enamoró, ese arrepentimiento al que se agarra por si (por fin) es de verdad: “Perdóname, amor, si yo te quiero mucho”, “Si no hubieras hecho…, yo no me habría puesto así”, “Nadie te quiere como yo, no hagas caso a lo que te digan, solo quieren hacernos daño”, “Te lo juro, canija, te juro que voy a cambiar”. Esta última es una línea de diálogo de “Te doy mis ojos”, película de Icíar Bollaín que refleja de forma certera e impactante el infierno de la violencia.

Y ahí estás, con tu impotencia, tu frustración, tu tristeza, tu rabia y tu miedo por lo que pueda pasar, preguntándote cómo ayudarla…

Estos podrían ser algunos aspectos a tener en cuenta:

No la juzgues.

No le des “recetas” sobre lo que tiene que hacer.

No la presiones si, en algunos momentos, no quiere hablar de ello.

Mantén una actitud de escucha empática y comprensiva en caso de que logre verbalizar lo que le ocurre.

Respeta sus procesos y sus tiempos.

Ten paciencia, piensa que quizá sea largo y complicado, como cuando se quiere sacar a alguien de una adicción o de una secta.

Entiende sus contradicciones.

Hazle saber que no se lo inventa, que no está loca y que merece una vida libre de violencia.

Refuerza cada avance que fortalezca su autoestima y su independencia.

Insiste en que no es culpable de lo que le ocurre, que el único culpable es el agresor.

Procura que no se distancie, que no se aísle.

Asegúrate de que disponga de teléfonos a los que pueda llamar en caso de necesidad.

Brinda tu ayuda en caso de que necesite acompañamiento, transporte, cuidado de sus peques o cualquier otra cosa.

Persiste en tu apoyo hasta que logre dar el paso de salir de la situación de violencia. No es fácil, no desfallezcas. Ella te necesita.

Todas las mujeres que, en algún momento, se encuentren en una situación de maltrato, físico, psicológico y/o sexual, necesitan apoyo, necesitan sentir que no están solas. Nos concierne como sociedad y como seres humanos. No queda otra que seguir peleando por una educación que construya relaciones más sanas e igualitarias. Por muchos obstáculos que algunos retrógrados quieran poner, por muchos bulos, mentiras e insultos que emitan, seguiremos avanzando en derechos, seguiremos avanzando en igualdad y en la búsqueda de un mundo libre de violencias machistas.

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